5 falacias lógicas clásicas de los candidatos políticos (y cómo responderlas)

Esta entrada busca mostrar cinco de las que, probablemente, son las falacias más comunes y fáciles de identificar. Muchas veces las intuimos en los argumentos que escuchamos en las campañas políticas, pero no implica que podamos refutarlas inmediatamente.

Columna del 3 de marzo del 2021.
1200 palabras – 7 minutos de lectura

Vivimos en tiempos turbulentos alrededor de todo el mundo, políticamente hablando, y aquí —en Chile— no solo nos acercamos a las fechas propias del ciclo electoral general, sino que a estas se les suma la elección de constituyentes de la nueva carta magna de la nación. Pero es evidente que ni esta instancia histórica nos librará de las falacias y malos argumentos de los políticos, pues estas han estado en boca de ellos desde que nació esta simpática vocación.

Esta entrada busca mostrar cinco de las que, probablemente, son las falacias más comunes y fáciles de identificar. Muchas veces las intuimos en los argumentos que escuchamos en las campañas políticas, pero no implica que podamos refutarlas inmediatamente: son como un mal olor del cual desconocemos su fuente. Por lo mismo, van acompañadas de un par de consejos para no dejarnos engañar.

1.- Ad hominen – Al hombre, a la persona

Quizás la falacia más conocida y que se propaga por los comentarios de redes sociales tan rápido como el coronavirus. Casi cualquiera que sabe qué es una falacia aprendió a reconocerla. Aparece cuando, en lugar de contrariar el argumento que nuestro interlocutor sostiene, nos centramos en su persona y cualidades. Obviamente también se puede aplicar a partidos políticos, grupos humanos, organizaciones, etc.

Ejemplo:

“Las propuestas del candidato Fulanito para superar la pobreza no tienen sentido porque él nació en ‘cuna de oro’”

¿Cómo responder?

Como en todo debate de altura, debemos enfocarnos en el asunto que estamos tratando y no en la personalidad, biografía o características de los expositores. Por mucha estima u odio que tengamos por un candidato político, o por muy simpático o parco que sea, ninguna de estas características le suma o resta al argumento.

2.- El hombre de paja (o espantapájaros)

Esta también se ven comúnmente en redes sociales. Hay ideas tan malas que nadie sensato las sostendría en un debate público, pues serían refutadas por cualquiera. La falacia del hombre de paja busca achacarle estas ideas absurdas al contendiente para desacreditarlo ante los demás. La falacia consiste en exponer el argumento del rival de modo tan absurdo, exagerado, reduccionista e irónico hasta el punto de convertirlo en algo insostenible por un ser racional. La idea original del rival está tan lejos del nuevo argumento creado como un ser humano de un espantapájaros.

“La idea original del rival está tan lejos del nuevo argumento creado como un ser humano de un espantapájaros.”

Ejemplo:

“Candidato 1: Es muy importante el regreso a clases presenciales por parte de los alumnos más jóvenes.
Candidato 2: Como pueden ver, mi contrincante desprecia la salud y vida humana, exponiendo a nuestros queridos hijos y docentes a este horrible virus, despreciando los esfuerzos que hemos hecho hasta ahora para mantenernos a salvo.”

Obviamente, cuando se usa la falacia del hombre de paja, ya no se está atacando el argumento del rival, sino un nuevo y absurdo argumento ficticio que se le imputa. Incluso demostrando que el argumento nuevo es absurdo, no se refiere verdaderamente al argumento propio del rival. En el ejemplo, se sostiene que el candidato, al enunciar la importancia del regreso a clase, lo que quiere decir es que no le importa la vida humana, lo cual no se sigue del primero argumento.

¿Cómo responder?

La falacia interpreta maliciosa y erróneamente el argumento del rival, remplazándolo por uno que no requiere esfuerzo para refutar pero que, al final de cuentas, no es lo que quería exponer el primer candidato. Lo que debemos hacer es asegurarnos nosotros mismos del argumento del primer candidato y no depositar la confianza en el falso apóstol de la idea.

3.- Ad populum — a la gente, al pueblo o sofisma populista

Técnicamente esta falacia no implica apelar al favor de la gente, sino a lo popular, común, cliché o acríticamente aceptado por la sociedad. Incluye las modas, tendencias, lugares comunes y corrientes de pensamiento que se popularizan en un determinado tiempo.

Ejemplo:

“Las redes sociales han compartido ampliamente la funa al candidato Fulanito, por lo tanto, debe ser culpable.”

En este ejemplo, se asocia erróneamente la opinión popular con la verdad o lo bueno. Cuando esta falacia se hace presente, la argumentación girará más sobre la popularidad de una opinión, su aceptación, su corrección política o propagación más que en las ideas sustanciales que hay detrás de la idea. En este caso, no se han detenido a reflexionar sobre la acusación ni lo que dicen aquellos encargados de la investigación, sino en cuanto se propaga por redes sociales.

¿Cómo responder?

Evidentemente, que algo sea socialmente aceptado —o negado— no garantiza que sea lo correcto o bueno. Ni mucho menos lo popular o lo que se propaga por redes sociales necesariamente está en lo cierto. Debemos sacar nuestras propias conclusiones a raíz de la información objetiva sobre un caso y, por sobre todo, nunca formarnos juicios apresurados o basados netamente en la opinión popular.

4.- Falsa equivalencia

Esta falacia aparece cuando se realiza una equivalencia entre dos posiciones, argumentos, personajes, casos, etc. y, obviamente, no hay una verdadera equivalencia.

Ejemplo:

“Ese candidato es culpable de malversación de fondos políticos, mientras su compañero hizo campaña fuera del plazo determinado para ella ¡Ambos son de la misma calaña!”

En el ejemplo, la falsa equivalencia recae en que, si bien ambas son infracciones, evidentemente la distancia que separa la gravedad de la primera a la segunda es gigantesca.

¿Cómo responder?

Esta falacia descansa en un leve parecido entre dos ideas. Solo se sostiene si tomamos esa equivalencia de la manera más superficial y general pues, al profundizar en los detalles, nos daremos cuenta de que las diferencias son más grandes que las semejanzas, además de que, si se mantiene la equivalencia de manera general, demasiados ejemplos caerían en la misma categoría, volviendo insustancial el punto que se buscaba afirmar.

5.- Falso dilema

Una de mis falacias favoritas que consiste en ubicar erróneamente a nuestros interlocutores entre la espada y la pared. Generalmente se le presentan dos opciones, una más terrible que la otra. Se busca que el oyente, a raíz de no querer el mayor de los males, se conforme con un mal menor. Obviamente, en el mundo real, siempre hay más de dos alternativas.

“Lo que busca el candidato que sostiene esta falacia es llevarnos falazmente a un callejón sin salida para que accedamos a sus propuestas.”

Ejemplo:

“En el día de las votaciones, sus opciones son simples: o votan por nosotros, o este país se arruina.”

Como es evidente, entre estas dos opciones existen numerosas más, como votar por otro partido, no votar o, incluso, que el país no se arruine después de todo. Lo que busca el candidato que sostiene esta falacia es llevarnos falazmente a un callejón sin salida para que accedamos a sus propuestas.

¿Cómo responder?

Primero que todo, muy rara vez nos encontraremos en el mundo real con un dilema tan estricto como los que suelen presentarnos. Por lo anterior, debemos revisar bien todas las opciones que se nos presentan y notar que, entre uno y otro extremo, hay un abanico de otras posibilidades. Debemos cuidarnos de los discursos del tipo “todo o nada”, así como expresiones tales como “la elección es simple”, “o estás conmigo o estás contra mí”, etc.

Sobre el autor:

Camilo Pino es Licenciado en Filosofía por la Universidad de los Andes, Chile. Tiene un Diplomado en Pedagogía y actualmente cursa un Doctorado en Filosofía en la misma institución.
Es uno de los miembros de Fundación Cultura Filosófica y está detrás del proyecto Filosofía y Humor.
Disfruta de los videojuegos, las series y películas malas y perder su escaso tiempo libre en YouTube. También genera contenido para redes sociales como si no hubiera mañana.
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