¿Es la filosofía solo un tema de opiniones?

Ni el respetable intelecto de mí querido profesor lo salvó de caer en uno de los malentendidos típicos de aquellos que intuyen qué es la filosofía, pero aún no profundizan en sus aguas: pensar que es un tema de opiniones y que ninguna es mejor o peor que las otras, pues todas las opiniones serían igual de válidas.

Columna escrita el 24 de septiembre del 2012 con ligeros cambios en la redacción.
1500 palabras – 10 minutos de lectura

Hace ya una semana, mientras caminaba por el barrio más céntrico de la capital, me encontré con un viejo —tanto en edad como en temporalidad— profesor de literatura, el cual me hizo clases en el colegio. Tras una breve conversación, él recordó que me encuentro estudiando filosofía en la universidad. Debió ver una sombra de angustia en mi cara, propia de aquellos que nos dedicamos a pensar como profesión y, tras recitarme unas sabias palabras de un poema que ya no recuerdo, procedió a decirme: “al final de cuentas, eso de la filosofía son solo diversas opiniones. Lo más importante es elegir aquella que te hace sentir bien pues ninguna es mejor que las otras.” Eh aquí donde empieza mi reflexión.

Ni el respetable intelecto de mí querido profesor lo salvó de caer en uno de los malentendidos típicos de aquellos que intuyen qué es la filosofía, pero aún no profundizan en sus aguas: pensar que es un tema de opiniones y que ninguna es mejor o peor que las otras, pues todas las opiniones serían igual de válidas.

La primera parada en nuestra reflexión es definir lo que es una opinión. Una opinión, aunque no lo parezca en un principio, es una creencia. Cuando yo digo “opino X” estoy expresando exactamente lo mismo que “creo X”. Lo que caracteriza a una opinión (y a la vez a una creencia) es la ausencia de un soporte investigativo. Una opinión no se sustenta de razones o evidencias. Cuando una opinión se fundamenta con estas, deja de ser una opinión y se convierte en un hecho. Es una opinión decir que existe vida en el planeta Urano hasta que se demuestre que la hay; cuando se demuestra que hay vida en Urano pasa a ser un hecho.

Ahora que sabemos lo que es una opinión, podemos darnos cuenta de que el error radica en pensar que todas las ideas filosóficas pertenecen a la categoría de opiniones y creencias, por lo que nunca lograrán alcanzar el estado de hechos. Como consecuencia de asumir esta falacia como verdad, se afirma que no hay ninguna filosofía mejor o peor que otra, pues al no haber un criterio de ratificación, todas son igual de válidas. La conclusión de estas ideas es que la confrontación y el debate de diferentes tipos de ideas y filosofías carece de sentido. Esto lleva a sostener que, cuando una persona ya ha establecido una opinión, esta debe ser aceptada sin cuestionamientos porque es tan buena como la de cualquier otro.

Con respecto a la primera concepción falsa, es muy cierto que las ideas filosóficas nacen de la opinión que tiene una persona sobre un asunto en particular, sin embargo, la práctica filosófica implica una reflexión crítica y un razonamiento lógico en torno al asunto del cual se está argumentando. Una posición filosófica que se respalda en una argumentación intelectual deja de ser una mera opinión, pues está avalada por la razón y la lógica. Es evidente que la razón y la lógica no son simples temas de opinión, por lo cual, si la razón y la lógica están avalando una posición filosófica, esta no puede ser sustituida o descartada por una simple opinión, a menos que, usando la misma razón y lógica, se demuestre que la primera posición esta errada o la segunda es mejor. Si uno no está de acuerdo con una posición filosófica, deberá argumentar lógica y racionalmente por qué aquella posición esta errada o por qué la propia es mejor. Por estas razones la filosofía no es solo opinión.

“Una posición filosófica que se respalda en una argumentación intelectual deja de ser una mera opinión, pues está avalada por la razón y la lógica”

El punto anterior es relevante para comprender verdaderamente la labor del filósofo, pues esta ciencia nace —históricamente hablando— cuando se intenta dar una respuesta lógica y racional al problema del origen del cosmos.

Con respecto a la segunda concepción falsa: la idea de que todas las opiniones son igual de válidas es algo popular y políticamente correcta para nuestra sociedad actual, pero en el terreno del pensamiento crítico es totalmente inviable. Simplemente meditemos en el caso de alguien que necesite abrir una cuenta de ahorros en un banco: la opinión de un banquero tiene mucho más peso que la de un alumno de filosofía de tercer año. Otro ejemplo podría ser el de un juicio legal donde la opinión de un abogado tiene más peso que la de un poeta. Si todas las opiniones fueran iguales, no tendría sentido que las universidades contrataran profesores con altos grados académicos. Al final de cuentas, si todas las opiniones son igual de buenas, no tendría sentido ir a la universidad para tener clases con un profesor si puedo preguntarle a un vagabundo en la calle. Debemos aceptar que incluso en el mero terreno de las opiniones, unas tienen más peso que otras, especialmente por el ethos de su emisor. A la vez, también podemos deducir que hay una diferencia evidente entre las opiniones y las reflexiones de las ciencias y disciplinas académicas.

La segunda concepción falsa también se refuta a si misma a través de la lógica. Si todas las opiniones son igual de válidas, la opinión de que no todas las opiniones son igual de válidas es igual de válida, por ende, no todas las opiniones serían igual de válidas, lo cual es una contradicción de la premisa. El error nace al asumir acríticamente que todas las opiniones son igual de válidas. Por esta razón, debemos asumir que la segunda concepción es inviable.

A pesar de que es muy fácil el refutar la idea de que todas las opiniones son igualmente válidas, este es un modo muy clásico de relativismo que se ha visto ya desde los tiempos de los sofistas griegos. Es común el asumir que aquello que una sociedad o cultura tiene como costumbre es válido solo en su contexto y que, en otros, otras costumbres son válidas. Se tiende a creer que lo que es razonable para los griegos no tiene por qué ser razonable para los persas y viceversa, por lo cual ninguna postura podría ser mejor que la otra. Obviamente, por lo expuesto en los párrafos anteriores, esto es un error, ya que la razón y la lógica no son asuntos de opinión, sino que tienen un carácter universal. Existen costumbres más racionales que otras.

Otra postura más extrema de este problema es el subjetivismo, el cual sostiene que aquello que entendemos como verdadero es totalmente relativo a los individuos particulares, de lo cual se deduce que no existen concepciones objetivas, verdaderas, buenas, etc. universalmente válidas. Durante mis cursos de Filosofía Antigua y Ética vi como Sócrates y Platón lucharon contra esta postura, pues en el ámbito moral el subjetivismo y el relativismo nos dicen que el hecho de que una acción sea calificada como mala o buena dependería netamente del individuo que la califica y variaría de persona en persona y no de una idea de Bien de carácter universal. En este contexto subjetivista y relativista, lo que es verdad para ti no tendría que serlo para los otros y viceversa. Los dilemas prácticos y teóricos que se desprende de esta postura escapan de lo abarcable en este texto.

Algunas personas asumen que la filosofía es relativa o subjetiva por naturaleza. El relativismo filosófico es defendible solo si se piensa que la posición personal es la correcta (“la filosofía es relativa”) a la vez que se evade la pregunta (“¿es la filosofía relativa?”). Evadir la pregunta es un error de razonamiento donde la persona asume lo que en realidad tiene que comprobar. El relativismo es una posición filosófica que sostiene que todas las posiciones filosóficas pueden ser tan correctas como las otras, acabando ahí su argumentación, perdiéndose de esta manera los pilares fundamentales de lo que es la filosofía y el pensamiento crítico: el argumentar y defender una posición. Es interesante notar que la mayor parte de los tratados filosóficos son —de cierto modo y en especial los de ética— una refutación implícita al relativismo.

En el dialogo Teeteto, Platón acepta que algunas cosas son relativas. Por ejemplo, el viento que podría ser placentero para alguien puede ser molesto para otros. Aun así, la argumentación de Platón gira en torno a que el relativismo se contradice internamente a sí mismo como vimos anteriormente. En el dialogo aparece Protágoras, un sofista, el cual sostiene que todas las opiniones son verdaderas. Esto, por supuesto, incluye la opinión de Sócrates, el cual sostiene que Protágoras estaba equivocado. Por lo tanto, la creencia de Protágoras es falsa si es que acepta que todas las creencias, incluyendo la de Sócrates, son verdaderas. Sócrates también increpaba a Protágoras el hecho de que se desempeñaba como profesor, y este se defendía apelando a que enseñaba lo que la gente necesitaba. Pero el problema vino cuando afirmó que su enseñanza era mejor que la de los otros; tuvo que abandonar el relativismo.

Edición Gredos de los Diálogos de Platón

Al final de cuentas, cuando alguien comienza a decir que la verdad es relativa, no está entendiendo a cabalidad la postura que está asumiendo.

Sobre el autor:

Camilo Pino es Licenciado en Filosofía por la Universidad de los Andes, Chile. Tiene un Diplomado en Pedagogía y actualmente cursa un Doctorado en Filosofía en la misma institución.
Es uno de los miembros de Fundación Cultura Filosófica y está detrás del proyecto Filosofía y Humor.
Disfruta de los videojuegos, las series y películas malas y perder su escaso tiempo libre en YouTube. También genera contenido para redes sociales como si no hubiera mañana.
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2 comentarios

  • Muy bien artículo, gracias.
    Me permito disentir en un aspecto. La verdad y las conclusiones filosóficas son diversas, y eso se debe a que se utilizan diferentes metodologías argumentos y muchas veces conclusiones muy difíciles de demostrar fehacientemente. Ello lo hace relativo ? Dependerá del observador
    No suele concluir la filosofía con un resultado exacto, y eso no la hace relativa sino en un constante movimiento que nada tiene que ver con ser relativo. La vida cambia día tras día y no es relativa. Por eso evoluciona pero no es relativa.
    Gracias

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  • Me gustó cuando utilizaste la lógica para refutar las falsas concepciones, pero cuando apelas al “ethos de su emisor” en la segunda falsa concepción me parece que cometes un argumentum ad verecundiam, ¿qué opinas?.

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